Quincenario Eucarístico Mariano

 

Dos años escasos de intenso trabajo dejaron huella muy hondas, cuyos efectos aún perduran. El Señor Estanislao Alcaraz que de Dios goce nos dejó en sus obras espirituales: El aumento de la práctica de Confesión y la Comunión.
Lo consiguió mediante la devoción a la Virgen Santísima intensificada y cultivada durante el Quincenario que precede a la fiesta de su Asunción el 15 de agosto. El obsequio a la Madre de Dios consistía en la Comunión diaria durante los quince días y la práctica del Rosario. De manera ingeniosa podía fácilmente constatarse el número diario de Comuniones, pues a cada uno de los fieles que lo hacían se le daba una palomita de papel y un boleto de color. El día 15 de agosto se tenía la clausura en el Estadio con un Rosario Solemne y la Bendición del Santísimo. Allí se quemaban los millares de palomitas, que arrojaban el total prodigioso de Comuniones: ¡Doscientas Mil!… más de 13.000 diarias en aquellos años de inicio… Parecerá a alguno increíble, pero podía comprobarse. A propósito de esta clausura un testigo presencial recuerda que era conmovedor el ver cómo la gente, en medio de su fervor religioso, no hacía el menor caso a la tormenta que en esa hora se desató. La Virgen, que se había llevado al Estadio en procesión, regresaba a la Parroquia en la misma forma, para concluir la jornada con una Misa solemne y un gran sermón.
! ¡Amemos al Señor de la Piedad! ¡Amemos a María! ¡Amemos nuestro Quincenario Mariano!

 

Breve historia del Quincenario Eucarístico Mariano
Narrado por Mons. Juan Espinoza Jiménez